1 AÑO DE LA REVUELTA SOCIAL 18.10.19 – 18.10.20

Editorial colectiva por Joaquín Leal-Luco/FAE Festival

FAE FESTIVAL, por medio de sus plataformas invitó a diversxs artivistas-agitadorxs representativxs de voces, comunidades y territorios que resisten desde los márgenes de la hegemonía a reflexionar en torno a un año del alzamiento y articulación de la revuelta social originada en octubre del 2019 que deviene -entre otras cosas- en la posibilidad de un plebiscito que modificará la carta magna constituyente de nuestro territorio país.

Invitamos a reflexionar desde sus experiencias y en consecuencia a las comunidades donde insertan su activismo.

Articulamos la reflexión por medio de preguntas disparadoras a las cuales, lxs invitadxs podían responder de manera libre y sin parámetros:

– A un año del alzamiento de las demandas populares que conllevan al “Estallido Social”,

I) ¿Qué repercusiones-reverberancias has podido constatar en tu comunidad, territorio, espacio de activismo y experiencia personal?

II) ¿Cómo el fenómeno COVID-19, pandemia y todas sus articulaciones mediático-sanitarias, han influido en el desarrollo y continuidad de la revuelta social en los espacios desde donde accionas tus intereses?

III) ¿Cuáles son los medios, formas y modos que distingues en tu desarrollo como artivista-agitadorx?

IV) ¿Distingues como un logro el plebiscito del próximo 25 de octubre?. Y de ser así, ¿cómo se vería reflejado en tu comunidad, territorio, espacio de activismo y experiencia personal?


Durante los primeros meses de protestas, la ultrasensibilidad que generaba el proceso y el afloramiento de posiciones más conservadoras, generaron resistencia al retorno de los eventos nocturnos porque “estábamos en guerra” y las bajas desde el sector social nos empapaban de luto. Y se entiende, porque normalmente una fiesta cumple una función de escape o desconexión con nuestra realidad, pero no es el caso para la comunidad construida alrededor de Chaisen Room. En ese sentido fue un agrado cambiar temporalmente las pistas de baile por protestas callejeras, fue definitivamente un proceso valioso para reafirmar que lo que veníamos haciendo era lo correcto, ya que desde sus cimientos el proyecto se ha construido en base a una crítica a la cultura dominante o al “establishment”, siempre con la intención de crear un espacio de encuentro libre de discriminación (y buena música). A pesar de estas concepciones tradicionales sobre “el carrete”, logramos hacer entender que nuestro encuentro social iba de la mano de los valores sociales que impulsaron el estallido y que se puede desarrollar a la par de una revolución, lo cual en términos personales es muy gratificante y una enorme motivación.

La crisis sanitaria nos obligó a detener toda nuestra operación y dejar en pausa los eventos presenciales hasta aún no sabemos cuándo. En ese sentido, decidimos no sumarnos a la oleada de streaming y fiestas online porque consideramos que había demasiada oferta y lograr rentabilidad mediante eventos online es muy difícil, considerando todo el trabajo que implica la programación, el manejo de herramientas digitales y la transmisión. Sin embargo, dimos un giro hacia las actividades formativas, haciendo uso de aulas virtuales para la transmisión de conocimientos entre artistas/expertos y público con interés en materias creativas, mediante el desarrollo de cursos online sobre producción musical, video-mapping, entre otros, donde definitivamente se siguen compartiendo los valores sociales de la revuelta, mediante la creación de comunidades y entornos educativos donde lo principal es desarrollar y compartir el conocimiento.

En cuanto a la relación con la comunidad, nos hemos mantenido llamando a respetar las medidas sanitarias y retomar actividades cuando la autoridad sanitaria lo permita. En estos momentos, cero posibilidad de hacer algo clandestino o ilegal que ponga en riesgo tanto al público como al equipo productor. O sea que, por más ganas de voltear la tortilla en $hile que tengamos, acatamos por la fuerza las restricciones desde el gobierno central.

El Plebiscito del 25 de Octubre es un hecho histórico para la democracia, pero es un acto simbólico para el poder. La verdadera transformación tiene que ser cultural. En la disputa de cómo entendemos el mundo, primero tenemos que vencer cognitivamente, mientras tanto, al menos podremos decir que cambiamos la constitución de Pinochet. En ese sentido, es un triunfo simbólico, pero la transformación cultural y social que el país necesita nos demandará un par de décadas más. Y el poder, el poder seguirá habitando entre nosotros. A través de redes sociales consulté a la comunidad su adherencia al Apruebo o al Rechazo, a lo que respondieron con un 100% a favor del Apruebo, pero a su vez, unas 50 personas
dejaron de seguirnos. Allá ellos.

– Moisés Montoya / @mossatti_ : 30 años, Sociólogo, Productor de eventos. Desarrollando la producción y gestión cultural independiente desde 2011, los dos grandes hitos en mi carrera de productor han sido Masa Crítica Valparaíso y Chaisen Room. Este último desde 2016, un evento itinerante de música electrónica y baile.


Somos las colas hijas de las nanas, de les obreres, de les feriantes. Somos las que sobrevivimos con tres chauchas, las que crecimos agolpadas en el consultorio haciendo vida social desde las 5 de la mañana llevando el tejido en la espera de una mala atención. Las mariconas que estudiamos en colegio con número, esas, a las que no les dio el cacumen pero quisieron seguir estudiando, pues nos hicieron creer que un cartón nos arreglaría la vida y sólo fue, una bonita forma ilustrada de darnos más migajas de progreso. Y así con el sueño roto y la cuenta aún más endeudada se quedó la prima.

Por eso cuando el estallido se hizo carne, la maricona salió a la calle, con sus labios pintados, con el mariconeo secreto que se lleva en los ojos, con la rabia rubí agolpada en el pecho. Ella también quería gritar, también quería combatir, también quería hacer suya la fiesta de la revolución, pero ¿Qué encontró en la calle? A este país machito, misógino, homofóbico y transfóbico. Otra vez sintió la colipata que los cánticos no le incluían, las miradas abusivas y asqueadas de los hombres de turno. No le importó, la calle también había cambiado y se unió con las camionas, les trans, les no binaries… toda esa nueva fuerza joven que sin miedo escupen su verdad como si fueran obras de arte y libertad.

Y la marika se peinó y encapuchó. Asistió a cuanto conversatorio de género y protesta hubo. Las escuchó a todas, a todas a las que se le quedaba la patita atrás y se sintió cobijada y querida. También sintió pánico pues a sus otras hermanas las perseguían. Incluso una de las líderes estaba en la lista negra de los milicos, y su nombre estaba ahí desnudo y descuartizado con esa sombra varonil que con tanto trabajo había logrado borrar.

Los bloques se fueron volviendo fuertes. Ya no se sentía sola la mariquita. Y sacó todo para fuera, rayaba calles, bailaba entre las barricadas, se besaba con quien quisiera un poco de su amor. Fue sumando banderas a su espalda y volvió a soñar con un país digno para todas, todes y ¡bueno ya todos también! ¿o no?. ¡Estaba esperando marzo la prima! hasta que el terror del virus la devolvió a su alcoba de obrera, sin trabajo, sin las tres chauchas y sin el calor de las masas transformadas.

Se cuestionó la prima frente al espejo, con el miedo renovado de ser positiva, doblemente positiva, doblemente retirada de la colmena por su evidente patita para atrás. Adelgazó la prima, vio tantas fotos del pasado, recordó tanto las colas del consultorio esperando recibir un kilo de leche purita. Lloró la prima. Desolada en el más frío y enclaustrado de los inviernos.

La alegría se la trajo a ratos a ese encuentro con ella misma, sintiéndose más marikona que nunca. Aprobó esa energía tan fuerte que no había aceptado por no estar tanto tiempo con otros y sin ella. Sin bono y sin ninguna regalía del estado estuvo la marika. Un par de cajas recibió por ayuda de vecinas y se reconfortó en el cariño de los humos de las ollas comunes más marginales, al fin y al cabo, las más bellas. Sin embargo su corporalidad cambió, ¡oh se modificó la marika wuena pal webeo! su cuerpa se reveló y creó más resistencias, le emergieron proteínas mutantes protectoras y comunitarias. Cada cacerolazo se convirtió en nuevas estructuras corporales de resistencia y comenzó a movilizar lo público (siempre igual lo hizo la loca) ¡y se vota poh! ¡en octubre poh!.

La marika prepara su carnaval silenciado con una tropa de marikas, y juntas preparan el renacer de todas las hijas de nanas, obreres y feriantes que escondieron ese mariconeo hermoso por tanto tiempo.

Arma un piño, que más allá de un plebiscito, apuesta por el inicio de la construcción de un sentido de comunidad, el que intentaron esconder con la pandemia, ese que renació con el fuego de la revuelta. En octubre se confirmará el espíritu de cuestionar y no creerle más al modelo ¡igual la loca no se deja engañar y cuestiona toda la cosa!

Y así las políticas de gobernanza virológica se suman como pestes que pretenden ser de un todo, de un todo de todo. Su peor enemigo será ese familiar que le da vergüenza, serán las que le gritan en la calle y le tiran piedras ¡Paco jalero, piñera pico e su padre! será esa orgía que usted tiene en fiestas privadas, lo que no le muestra al mundo, la peor de sus caras, pero la más normalizada.

¡Pero otra cosa será poh! ¡y que! la insurrección, la diarrea que va a derrocar al régimen. Porque quedó claro que necesitan generar enfermos, tristes e ignorantes. Al igual que el sarampión y el cristianismo este virus diezma las corporalidades insalubres, mutantes y primitivas.

El virus heterocolonialpatriarcal se extiende

El virus

El virus es una cruz

El virus es la cadena nacional

El virus es televisivo y a todo color

El virus es propaganda

El virus es buena persona

El virus es previo al octubre de 2019

Pero allí estarán wachites belles, hermoses, colorides proponiendo en piño sus cuerpas insanas fuera de esta pandemia.

El colonialismo vírico necesita de las cuerpas receptoras, requiere del espacio para su reproducción, requiere la contingencia materioproteica para generar réplicas. Su patogénesis usa la estructura tridimensional de la cuerpa en su proliferación dictatorial. Pero la marika lo sabe, arma su mariconeo con una estructura corporal molestosa y mutante. Siempre ha sido mutante, desde chiquitita, molestosa pa la familia y la gente, ningún virus le es novedoso.

La marika y su carnaval están conformades por configuraciones materiales de cuerpas guerrilleras champurris, que rechazan esos esfuerzos moleculares de naturalización de la pandemía y el encierro.

¡Bueno ella sale a marikonear y molestar como siempre no ma poh!

Porque la marika ya tiño esta enfermedad color marika, de encierro y ocultación, perdió el miedo a ser positiva, se aburrió de la espera de resultados que se demoran días. Se armó de los nuevos condones que se usan como mascarilla, que la obligan y alejan de todo tipo de contacto. Extraña la piel, el sudor, la bendita Sodoma. Los puterios de encuentro libre se cerraron, mientras su locura travesti apareció en el espejo por amor propio.

La cuarentena tuvo ansias e incontinencias, desde lo verbal hasta lo sexual. Cuerpo, espíritu e imaginación se transaron en un estallido frenético de fuerza contenida; se eyaculan las ansias de los abrazos, transgredir el distanciamiento social es un deseo reprimido; ese fue un castigo impuesto por la desobediencia, por la insurgencia de la amoralidad que sobrepasó la espada del capital. La guerrilla marika tomará sus fuerzas entre paredes que encapsulan la imaginación. Se organizará desde una virtualidad que expande las brechas de la comunicación corporal. ¿Cómo hay quien no la va a reconocer?

Maricas, guerrilleras, furiosas, disidentes

Nuestros fluidos ancestrales detienen tu maldad pandémica.

El orden mundial y el ojo que todo lo ve, no cabe en tu deseo orgiástico

¡¡ Gobernante inculiable !!

La rabia se hace comunidad, en donde nuestros cuerpos danzarán y los dioses escucharán ,por todes

les que no están.

Pacha Mama, Abya Yala te invoco ya

Que la fuerza de todos los elementos se hagan vida en les oprimides, las marginadas, las raras.

Liberemos el orgasmo, como arma de destrucción a la represión.

Que mi cuerpo no es un virus.

Estas mariconas nos declaramos como una peste, un contagio que se expande, una rabia de siglos, una pestilencia que se hace más fuerte con el paso del tiempo, nuestro mariconeo es nuestro escudo contra tanta desgracia, porque gozamos el caos, porque así nos ha enseñado la vida y así vamos a luchar contra toda tu des humanidad. Tu imperio tiene que caer, y lo vamos a ver, aunque sea con nuestro último suspiro.

– Guerrilla Marika / @guerrillamarika: Colectiva nacida desde el deseo de cuestionar los modelos colas infectados de mercado, misoginia y arribismo apolítico. Nuestra estrategia de combate son nuestras cuerpas marikas, nuestros hocicos pintados, nuestros ojos llenos de fuego y sensualidad prohibida. Porque no somos colas de revista, somos ese gen mal mirado. Nuestra carne kiltra, morena,sudaca, andina, indígena, marcha alzando y quemando banderas.


Mi territorio corporal en el que habito, está lleno de grietas por verdades de exilio, mis proyectos
artísticos me dan razón y conexión, a través de mi compañera de ruta y co-creadora del proyecto VUESTRXOS CUERPXS, VUESTRXS TERRITORIOS Ninoska Valenzuela puedo dimensionar y sentir lo que semana a semana pasa en las cuerpas que resisten esta neodictadura Covid-19, gracias a ella, estoy al tanto de lo que va pasando, compartimos cuerpas ella en el largo territorio de los Andes yo en el exilio Bergman. Acá mentalmente colonizados y culturalmente imperialistas, siguen, llenándose del fascismo darwinista biológico limpio de olores, pelo, flujos, besos sin besos y miradas sin sentimientos, estamos en plena era fármaco-pornográfico. Eso hace que mis grietas estén más alertas, en estado sangre rojo oscuro menstrual. Y después de un año de la rebelidad social como dice la sra. activista Silvia, la cual conocí cuando estuve debajo de un árbol de la USACH en diciembre 2019, la rebeldía social es algo que nació y siento cada día nacer, veo y escucho como dicen los Zapatistas y que el próximo año 2021 son 500 años de colonialismo, y no le vamos a pedir disculpas a los con mentes y prácticas colonizadas, patriarcales. Vamos a seguir en la danza de la transformación social para hacer este lugar un territorio corporal que vive y que no destruye.

En este lugar (Estocolmo) siempre seguiremos distanciándonos el uno del otro, está alienado de siempre. Por esas razones el no tocarse y abrazarse coreográfico entre edades, cuerpas con identidades fluidas, abuelos, nonas y tatas muertas sin un despido digno ha sido posible para aumentar la soledad.

Los de los Andes y Wallmapu en el exilio que se fueron a la otra dimensión por el COVID-19 fue uno de los más elevados de los grupos migrantes. La creatividad sigue en acción y siempre atenta a la resistencia seguimos. Es vida y las generaciones que vienen nos piden que le dejemos mejores energías.

Voy pelo a pelo haciendo una mata de pelo para poderla trenzar por la resistencia artística y corporal. Y de esas formas poder estar mentalmente, corporal y espiritualmente haciendo el activismo pertinente preparada para seguir bailando este ahora.

Esto nos dará más fuerzas para poder estar cerca de los Andes y Wallmapu libre y poder volver al
territorio que la dictadura militar me usurpo.

– Paloma Madrid / @palomitamadrid: Chilena, exiliada en Estocolmo, desarrolladora y creadora
del proyecto VUESTRXSCUERPXSVUESTRXTERRITORIO.


El estallido social es la sublimación de la arista policíaca, militarizada e hiper-vigilante de esta
“democracia liberal” que hace rato está presente, pero ahora finalmente los(as) ejecutores(as) de la implacable fuerza de la ley mostraron su cara para todo el público. Existe una frase interesante que emerge de esto y nos demuestra la vertiente etno-racial de esta realidad policíaca (ya conocida para algunes); ahora “los chilenos” saben cómo viven los mapuches”. La idea anterior viene a denunciar que las personas que escapan de los estrechos márgenes de la “ciudadanía chilena” están profundamente familiarizadas con la incesante presencia de guanacos, zorrillos, retenes y tortugas ninja en su territorio. Lo mismo puede ser dicho para aquelles que habitan las poblaciones “combativas”, las tomas de terreno y las zonas de comercio ambulante. Las personas marronas y negras ya sabíamos hace rato lo que era encarnar la peligrosidad, y ya conocíamos las duras arbitrariedades del perfilamiento racial o «racial profiling». En este sentido, la calle no se reapropia de la misma manera para todas las personas, principalmente porque, debido a la identidad blanqueada del imaginario “chileno”, las cuerpas racializadas son usualmente extranjerizadas. Lo anterior crea una deslegitimización del descontento negro y marrón, puesto que, en un estado-nación, la única forma verdaderamente legítima de ser es la “nacional”. Esto conlleva a que, las personas percibidas como extranjeras o “no-nacionales” sean relegadas a esta posición pasiva que se espera de les migrante racializades y empobrecides; “si no te gusta, devuélvete a tu país”, “si no eres chileno no puedes opinar”. Las frases anteriores me son dolorosamente familiares. Por otro lado, el “despertar chileno” parece tener límites racistas y fronteras nacionales. Lo ilustraré con una anécdota que me aconteció varias veces. Cuando se acercaba la hora del toque de queda, emprendíamos con mis amigues la vuelta a casa, lo que implicaba pasar por Cal y Canto, una zona marcada por el ejercicio del comercio ambulante, principalmente desde personas migrantes negras y marronas. Al pasar por ahí veíamos varias personas haitianas que no parecían estar recogiendo sus cosas, por lo que, me aseguraba de ir a mostrarles una imagen que explicara las implicancias del toque de queda (falta de transporte y peligro de ser detenide) y su hora de inicio, en kreyól. Todas las veces que lo hice me miraban con sorpresa, puesto que, nadie les había avisado. Ninguno de sus colegas hispanohablantes habían tenido la gentileza de informar, lo que, de cierta forma, podría haber sido una sentencia de muerte. Esto, dado que, sabemos que la represión en el toque de queda no solía ser la mera detención, sino que, iba complementada de vejaciones, torturas, abusos, robos de mercadería, etc. Esto se recrudece aún más cuando la persona a reprimir carga con el estatus “no-nacional/inmigrante/irregular/ilegal”. Dicho esto, creo que es importante siempre tensionarnos como personas que están demandando cambios, puesto que, a pesar de estar en una posición dominada/subyugada, existen espacios o aristas que nos permiten oprimir a otres, y este potencial de violentar debe ser algo que entendamos, para poder hacernos cargo de ello.


El COVID-19 ayudó a implementar de forma más generalizada diversas prácticas sociales que llevaban rato gestándose: el teletrabajo, la difusión de los límites entre casa-oficina y ocio-trabajo. También llega a asentar la pérdida del espacio social compartido. Esto último ha sido lo más intenso, puesto que, al tener que recurrir a medios virtuales de comunicación, ya no existen muchas conversaciones que no estén sujetas a vigilancia. Como dice Foucault en Los Anormales: La peste es el momento en el que la
partición y subdivisión espacial de una población se lleva a su punto extremo, donde las
comunicaciones peligrosas, las comunidades desordenadas y los contactos prohibidos ya no pueden aparecer.” Sin embargo, aunque es más difícil encontrarnos fuera del ojo panóptico, la contingencia de la pandemia ha recrudecido aún más las inequidades, haciendo aún más crucial el apoyo comunitario. En relación con esto, rescato muchísimo la creación e interacción entre diversas(es) actoras(es) sociales para colaborar y resistir, como, por ejemplo; la iniciativa “Dona Tu Copago” (@donatucopago) de la Dra. Carolina Soto Salazar, la “Inyon Fanm Vanyan” «Unión de Mujeres Valientes – Ex Sindicato de Cafeteras Haitianas de lo Valledor»; @cafeteras.haitianas, el directorio de emprendimientos negros creado por Negrocentricxs (@negrocentricxs) y la alianza de dichos emprendimientos con las canastas solidarias para familias migrantes, que fueron gestionadas por la Secretaría de Mujeres Inmigrantes (@secretariamujeresinmigrantes). En este sentido, la cuarentena viene a resaltar aún más la estrepitosa manera en que las comunidades negras y marronas siempre han recurrido a la autogestión, la colaboración y la creatividad para sobrevivir en una economía que les relega a mero cuerpo de trabajo. Es así como, la cuarentena me ha hecho cuestionar muchas cosas respecto a mis prácticas activistas, y por supuesto, viene a remecer -como es necesario- las ideas de que les pensadores academiques son quiénes llevan la batuta en términos de pensar la opresión/liberación, puesto que, las comunidades empobrecidas y racializadas siempre han tenido que saber cómo sobreponerse a los diversos obstáculos del sistema. De esta forma, ya no veo la liberación -en el “corto plazo”- necesariamente como un movimiento mundial gigantesco donde aboliremos todas las instituciones en un día, sino que, como una práctica situada territorialmente que se cultiva día a día, desde la reivindicación de las comunidades que han escapado de los grilletes coloniales a través de la sabiduría ancestral, la armonía ecológica y la promoción de prácticas autogestionadas.

Uno de los aspectos que más cultivo en mi vida es el uso concienzudo y respetuoso del lenguaje, ya que creo que es una de las herramientas más importantes que tenemos para verbalizar nuestro mundo interior, y para externalizarlo si es necesario. Me gusta pensar en mi labor como un puente comunicacional, puesto que, había algo para que sea accesible, me importa escribir de una forma que honre las complejidades de los fenómenos, pero sin utilizar espacios académicos que están moderados por el privilegio del acceso, pero también, espacios de activar desde lo territorial y con personas que reivindican los saberes ancestrales, no academicistas y desde los artes y oficios que no necesariamente están validados por la “educación superior”. Esta posición agónica me mantiene despierta y siempre activa en relación con el cómo comunicar muchas palabras que terminen alienando a quienes no andan desayunándose libros de filosofía o diccionarios. El lenguaje es juego de cintura, si así te lo permites, y es un recurso infinito si adoptamos la flexibilidad de los neologismos, las palabras
combinadas/deformadas, las re imaginaciones conceptuales, etc. Esta posición agónica también me lleva a increpar el flujo de los saberes, dónde supuestamente la academia adquiere la posición de crear y validar conocimientos, y las personas fuera de esa esfera se vuelven meros objetos de estudio. Me enoja mucho la cantidad de personas que hacen investigación de formas extractivistas y que se dedican a ser -como les decimos con las comadres antirracistas/decoloniales-“migrólogos/negrólogos/indigenólogos” sin nunca realmente retribuir a esas comunidades, ni darles la plataforma para que usen su voz. Ahora hay un boom de personas que desean investigar acerca de la migración o el racismo, pero muches no logran desencajarse de su academicismo, y extraen estas vivencias dolorosas y marcos teóricos desarrollados por personas negras, marronas y migrantes, pero sin validar sus experiencias como métodos legítimos de crear saberes. Tengo la convicción de que el activismo dentro de la academia no debe concebirse como “usar tu voz para darle voz a quienes no la tienen”, sino que, debe ser el desmantelamiento activo de las estructuras que relegan todo lo no-occidental a la posición de objeto de estudio, invitando así, a que estas personas puedan expresar sus voces, desde sus propios códigos, significantes y cosmovisiones.

La ciudadanía liberal reduce la participación ciudadana al sufragio, convocándonos usualmente a votar entre una u otra opción de representante, que supuestamente son posiciones opuestas (dicotomía derecha/izquierda). Sin embargo, la crisis de representatividad nos muestra que la izquierda -partidaria- tiene más en común con la derecha que con los movimientos populares. Nunca podré olvidar ese “acuerdo por la paz” creado entre cuatro puertas y firmado por las caras sonrientes de la “izquierda”, o la foto de Bachelet y Piñera vacacionando juntos. Por esto y más, no tengo plena fe en el proceso, y creo que es crucial saber que la participación política no se reduce al voto, sino que, debe ser impetuosa, callejera y constante. Debemos rescatar el levantamiento de las ollas comunes, asambleas feministas, juntas vecinas, cooperativas, cordones antirracistas/LGBTQ+, entre otros. El 25-O no es el fin de la revuelta, sino que, un nuevo inicio. Es importante desdibujar las dicotomías de oprimido/opresor o víctima/victimario, debemos tener en cuenta siempre que en nosotres reside al menos algún tipo de agencia, diversas fuentes de poder que nos permiten tejer nuevas formas de vivir, con o sin la aprobación institucional. El plebiscito requiere de nosotres la confirmación cuantitativa del ímpetu de cambiar las formas en que vivimos y concebimos el cohabitar un territorio, sin embargo, esto no sólo se plasma en la constitución, sino que, también, en nuestras prácticas cotidianas relacionales. No podemos solo exigir a una institución el cambio, sino que, debemos cultivarlo en nosotres mismes, buscando maneras no violentas, antirracistas y decoloniales de relacionarnos.

– Cari Amaral / @safadinhe : Mujer bisexual, migrante afro-brasilera residente en Chile. Activista desde el feminismo antirracista y decolonial. Estudiante de psicología. Participa de la Red de Mujeres Afrodiasporicas, Negrocentricxs y Disidencias en Red. Panelista ocasional de la radio Súbela, en específico el programa Superciudadanos.


La revuelta social y la invisibilidad de las mujeres y las personas LGBTIQ

Este 18 de octubre se cumple un año desde las movilizaciones nacionales que se enmarcaron en el denominado estallido social o revuelta social que marcó el punto de inflexión, o si se quisiera, la gota que rebalsó el vaso, a raíz de la desigualdad social, económica y la crisis de la institucionalidad que viene acarreando el país desde décadas. La consigna, no son 30 pesos, son 30 años es ejemplo de aquello. Durante las movilizaciones, pudimos observar como la temática de la violencia de género y los derechos de las mujeres también formaron parte de las demandas mas emblemáticas. Mayo feminista en el 2018 fue una antesala y nos dio muestras de todo esto. 

No por nada, posteriormente en el 2020, una de las movilizaciones históricas, por su concurrencia, fue una realizada el 8 de marzo a propósito del día internacional de la mujer. 

Lamentablemente, la literatura sobre la revuelta y el estallido, principalmente escrita por hombres, omiten el impacto que tuvo en esta olla a presión la constante discriminación, exclusión y violencia cometida sistemáticamente en contra de las mujeres, personas LGBTI, para exigir un cambio al modelo político y económico no solo desigual sino que también patriarcal. En este sentido, si analizamos el contexto político e histórico de la revuelta con una perspectiva de género, podremos encontrar estos elementos, y aún más, si tomamos en consideración el proceso constituyente y la disputa que existió por la paridad de género en el órgano constituyente. Desde este punto de vista, la reivindicación de la mujer y de la diversidad sexual y de género debe tomar un elemento central en los análisis históricos y políticos que realicemos sobre este suceso y periodo. La revuelta social ha tenido como uno de sus objetivos principales el cambio de paradigma vigente por la constitución de la dictadura.

La paridad de género en la convención constitucional, la educación sexual integral, la erradicación y prevención de la violencia de género y la necesidad de políticas públicas con enfoque de género y que incorporen a las personas LGBTIQ han sido unas de las demandas, entre otras, que se han instalado a propósito del estallido y de la pandemia por covid-19. Sin perjuicio del avance de la paridad de género en el órgano constituyente, el resto de las demandas lamentablemente poco y nada avance han tenido, y en el caso de la educación sexual integral, el proyecto de ley que se encontraba en la Cámara fue rechazado por falta de quórum. Bajo este contexto, las mujeres y las personas de la comunidad LGBTIQ hemos sido invisibilizadas y afectadas especialmente durante la pandemia del covid-19.

Las políticas sociales y económicas del gobierno, que han carecido completamente de perspectiva y focalización, han sido insuficientes para tantas mujeres y personas LGBTIQ que han perdido sus trabajos o cuyos empleadores se han acogido a la ley de protección del empleo. A lo anterior, la principal respuesta que se ha organizado a nivel de la sociedad civil, han sido las numerosas colectas, ollas comunes y ayudas colectivas para ir en ayuda de tantas personas que lo necesitan en este momento. El eslogan de “Pueblo ayuda al pueblo” hoy más que nunca adquiere un significado especial. Lo anterior es producto de un estado subsidiario, que no es garante de derechos sociales y solo interviene en la medida que sea necesario, como lo hemos visto.

Ante esta situación, el proceso constituyente y la nueva constitución se visualiza como la única y próxima alternativa para el cambio del modelo político, económico, social y jurídico que aún subsiste de la dictadura. Por lo mismo, organizaciones de mujeres y de personas de la comunidad LGBTIQ, aún con todas las falencias y problemas en el sistema político y electoral, están realizando campañas en torno al apruebo, la convención constitucional y la necesidad de que el nuevo texto incorpore una perspectiva de género, de diversidad, entre otras. De esta forma, la oportunidad histórica para tener una constitución redactada, por primera vez en democracia se transforma en una demanda transversal entre las organizaciones con el objetivo de lograr el cambio del modelo.

Las nuevas formas de participación ciudadana, de activismos, disidencias y formas de organizarse dan lugar a diversas formas de hacer política que son necesarias para repensar el proceso constituyente. La elitización excesiva del debate sobre la nueva constitución corre el riesgo de seguir perpetuando el mismo modelo o una constitución que avance en la medida de lo posible, por lo mismo, la democratización del conocimiento y del poder es indispensable ante este nuevo proceso. La constitución define y reconoce nuestros derechos y nuestra existencia.

Hemos sido invisibilizades en toda la historia constitucional, ahora es la oportunidad histórica para que esto no suceda una vez más.

– Constanza Valdés / @coni.valdesc: Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales, Activista trans y feminista, Asesora Legislativa, integrante de Abofem y Rompiendo El Silencio.


Mantenerse al margen de lo que pasó el 18 de octubre es difícil. Creo que una de las principales repercusiones fue sin duda, las que han tenido lugar en los territorios. Nuestros espacios íntimos se ampliaron y dejaron de ser solo nuestras viviendas, pasamos a ocupar las calles no solo como un espacio de tránsito, sino que pareciera ser que le dimos otro fin: además de ser el espacio donde nos encontrábamos para exigir el fin de un modelo y el inicio de una nueva manera de vida, se transformó en el espacio en el que comenzamos a dar forma y construir esa idea de algo diferente. Considero que esto es fundamental y se ilustra muy bien cuando decíamos que nos volvimos a mirar y nos dimos cuenta que no estábamos en soledad con nuestros problemas, que en muchos casos se repetían y lo que es más importante, pudimos darnos el tiempo para comprender otras vivencias. Chile despertó. Dentro del activismo personalmente me motivó a formar parte de mi actual organización y entender cómo debemos desde nuestras vivencias diversas construir espacios y realidades con una perspectiva interseccional de las experiencias y opresiones propias y de las demás personas. Por otro lado, en la materialidad no puedo dejar de mencionar las situaciones de violencia sistemática por parte de los agentes del Estado, en tanto, la represión y las violaciones a los derechos humanos, han estado de manera lamentable muy presentes durante este despertar popular. Es importante mencionar que los agentes del Estado y su violencia replican los patrones socio culturales que nos oprimen tanto a las mujeres, a las disidencias, migrantes, indígenas y personas de la diversidad funcional. Prueba de esto son el número de denuncias por violencia sexual y de discriminación por parte de las policías y militares. Lo anterior sin duda implicó para muchas personas rememorar hechos y vivencias terroríficas, personalmente me ayudó a comprender mucho lo que la generación de mi mamá y de mi papá vivió en Chile durante la dictadura y me permitió, generar una empatía distinta originada por un miedo que no conocía hasta ese momento. Este miedo, no nos frenó, pero persiste cada vez que nos enfrentamos a situaciones de impunidad o la misma presencia activa de militares o carabineros en las calles y la injustificada mantención del toque de queda nos entregan señales muy confusas de lo que se considera como una democracia.

La situación que vivimos como sociedad a propósito de la pandemia, el manejo político y médico-sanitario de manera drástica puso en pausa la revuelta social, sin embargo esta pausa fue aparente. Tengo todas mis esperanzas puesta en que el año 2019 vivimos algo que no se nos olvidará fácilmente y creo que eso se reflejó por ejemplo, al momento de apoyarnos durante los episodios más duros de la pandemia. Lo que se construyó más allá de nuestras individualidades nos permitió y nos permite todavía, enfrentar la agudización de las contracciones que se generaron por esta pandemia en un sistema neoliberal como en el que vivimos, con herramientas y conocimientos que no teníamos antes del 18 de octubre. Muchas comunidades, juntas de vecinos, asambleas territoriales y organizaciones sociales hemos intentado hacer frente a este estado ausente mediante la organización, el Chile ayuda a Chile real no estaba en la tv solo un fin de semana, lo encontramos a diario en nuestros lugares de resistencia. 

La gestión negligente y asesina de este gobierno nos tiene todavía en las calles, exigiendo dignidad y respeto por nuestros derechos. Desde mi activismo en Disidencias en Red, es algo que nos ha marcado mucho como organización, debido a que nos conformamos precisamente en el período de pandemia, cuando recién se había declarado cuarentena para la región metropolitana. Entonces, hasta ahora no conocemos una manera diferente de articularnos como organización. Es más, creo que para las personas que formamos parte de la organización, nuestras reuniones y reflexiones también se transformaron de cierta manera en refugio y resistencia durante este período. La mayoría no nos conocemos en persona y estamos esperando el momento para poder hacerlo y comenzar a trabajar a través de proyectos que vayan más allá de la generación de contenidos y reflexiones desde nuestras redes sociales.

Hemos generado espacios de visibilización y posicionamiento de identidades y vivencias marginadas por este sistema heterocispatriarcal racista y capacitista, a través de entrevistas, infografías y diversos debates, todo por medio de las redes sociales, que no han permitido llevar adelante esta organización, que además crece en número de personas y en términos de fortalecimiento. Nuestra principal plataforma activa ha sido Instagram, y esperamos pronto poder contar con otros medios para seguir desarrollando nuestro activismo disidente e interseccional.

Creo que es innegable la relación que existe entre la revuelta social y la presión que se ejerció en las calles para que de una vez por todas en este país pudiéramos decir basta de la constitución de Pinochet. Es una muestra concreta de cómo los movimientos populares pueden exigir aquello que solo depende de las voluntades políticas, en el caso de Chile de una elite política en su mayoría desconectada de las necesidades de las personas.

Es una gran oportunidad sin duda, tener la posibilidad de poner fin a uno de los símbolos de la
dictadura cívico militar, no es menor y, es algo que no solo desde el 18 de octubre venimos exigiendo. Creo que hay muchos desafíos entorno a este proceso, sobre todo desde una posición de las disidencias sexo-genéricas, las mujeres, las personas negras, indígenas o de la diversidad funcional.

Sin duda, la mayor interrogante es cómo haremos para que todas nuestras realidades puedan verse reflejadas en una nueva constitución. 

 

Dicho esto, entendemos que lo que se vive en nuestro territorio a partir del 18 de octubre no se agota en el proceso constituyente y es necesario tener presente que la mayoría de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante ese período de tiempo, no han sido responsabilizadas ni políticamente ni judicialmente y no nos podemos olvidar de quienes, por luchar, fueron asesinades, torturades o violentades.

– Valentina Leda / @disidenciasenred: activista lesbiana y vegana de Disidencias en Red, egresada de Derecho, con áreas de interés en los derechos humanos de las mujeres y las disidencias sexogenéricas.

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